personal

Buscando equilibrios

 

A veces tienes la impresión de que ya lo has hecho todo y otras que lo tienes todo por hacer.

En ocasiones encuentras ese impulso para sentirte vivo y en otras un ancla no deja moverte más allá de comprobar la excelencia del vuelo de un moscardón desde el sofá de casa.

Ese constante subeybaja me impide encontrar el equilibrio.

Sé que se trata de encontrar nuevos alicientes para sacar de nuevo la cabeza, pero me resulta muy complicado concentrarme, por eso para mí es muy importante “Portero sin red” y la posibilidad de reconectarme conmigo mismo y con todos los que tengo a mi lado.

No voy a pedir paciencia, porque ni yo mismo la tengo para mí, pero me daré más oportunidades, cada día una para poderme liberar del todo. ¿O es que hay otra solución?

La foto es de Ben Hershey

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El infinito poder de las lágrimas

¿Que qué he aprendido? Básicamente que puedo ser mejor persona de lo que pensaba, que puedo descolocar a cualquiera simplemente con un abrazo y que aunque crea que el tiempo lo cura todo y el duelo solo es un proceso temporal, nada de eso es cierto.

En realidad tú, si has estado estos últimos meses a mi lado, te habrás dado cuenta que nuestra relación tampoco será como la de antes.  Pero no te apures, seguiré a lo mío, miraré hacia atrás y sentiré vértigo, miraré hacia adelante y volveré a pensar en él, en cómo hubiera vivido cualquier momento, esperaré su ‘Whatsapp‘, ese mensaje que ya nunca llegará mientras abro mi móvil y observo ese imperturbable último doble click recibido.

La vida te debe tanto, que intento devolvértela en pequeñas dosis, en esas visitas al teatro, en ese homenaje en los ‘Premis de l’esport‘, y pedaleando, pedaleando hasta reventar y esperar que mis piernas me lleven allí donde acabó todo.

También he aprendido a llorar, en volver a creer en el infinito poder de las lágrimas, en lo bien que puedo sentirme después de que mis ojos se tornen vidriosos mientras busco porqués y respuestas que ya nunca encontraré.

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Sentirse bien…

Entre una foto y otra han transcurrido dos meses y una semana. Sin una de ellas no existiría la otra y nuestras vidas, la de @maaarc_mv y la mía, serían muy diferentes.
Desde el día que me propuso completar el recorrido, el vértigo se apoderó de mí. Recordaba tanto el momento, tenía tan presentes las imágenes, que lo único que no quería era rememorar la tragedia.

Necesitaba tiempo, madurar el duelo y atender la petición de Marc para revivir aquellos momentos, enseñarle el lugar donde acabó todo y finalizar aquella excursión.

Y así ha sido. La misma mañana de sol, las mismas bicicletas, las mismas paradas. Una conversación en la que él ha estado siempre presente, risas al recordar sus expresiones y lágrimas llegado el momento.
Me he sentido bien, muy bien. Me he sacado un peso de encima y sé que ese lugar será para siempre nuestro punto de unión. T’estimo amic.

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Segundo mes

Alguna vez, aun con el corazón encogido, había sido capaz de recuperar aquellos mensajes de WhatsApp, no solo los de la noche anterior, sino también de unos cuantos años antes, testigos ahora mudos de aquella amistad que habían cimentado mucho tiempo atrás, sentados en aquel frío patio de La Salle o en aquellas tardes de sábado mientras esperaban que acabaran las actividades del ‘esplai SESA‘.

Ya han pasado dos meses y las imágenes de aquella mañana siguen nítidas en la cabeza. Además del dolor, sigue sintiendo el puñal de la culpabilidad, aunque intenten convencerlo que no es así.

Todo tiene que ver con la pena por lo que podía haber sido y ya nunca será. Hace tiempo que habían comentado una lectura que les había marcado, ahora recuerda la frase y la siente premonitoria: “La expectativa de felicidad es más intensa que la propia felicidad” y así en un bucle infinito se deshace el día y nace el siguiente.

La foto es de Derek Thomson

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Efectos secundarios

Es permanecer con la mirada perdida, ausente; sin pensar en nada y comprobar los beneficios de que la mente esté en blanco o mantener la distancia en la escena y comprobar la comodidad de las bambalinas; es relativizar todo lo que no consideras importante y desde no hace tanto, importante es una expresión que ya no existe en su diccionario.
La vida -ahora estás, ahora no- es un truco de prestidigitación que ningún mago puede dominar, esa maravilla que tenemos entre las manos y que solo cuando apuñala a un ser querido eres consciente de su grandeza.
Para que no tenga ningún efecto secundario ni mucho menos negativo, hay que tomarla en grandes dosis, pero sorbito a sorbito, impregnarte de los días de sol y pensar en que lo más grande que nos quedará siempre son los abrazos y el roce de la piel. Hablo de la vida. No se despisten ni se pierdan un solo minuto de lo que les ofrece.
La foto es de Sharon McCutcheon
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