La primera vez

Siempre pensaste que esa primera vez fue un despiste cualquiera, hasta que te das cuenta  que es el primer paso en un camino sin retorno.

Foto
Cheryl Winn-Boujnida

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Instagram y el micrófono espía

Claro que te pide permiso para utilizar la cámara y el micrófono, pero nunca crees que vayan a ir tan lejos. Hablo de Instagram y de la casualidad de que aparezcan entre los anuncios aleatorios en vuestro ‘timeline‘ imágenes de productos que nunca has buscado en una página de internet ni tampoco hayas interactuado con otros usuarios al respecto.

Me ha ocurrido este último fin de semana, justo antes de ir a dormir. En la habitación se proyectaba una luz directa y las cortinas no eran del todo opacas ni tampoco tapaban toda la superficie de la ventana. En ese momento le ‘vendí’ a Lucy las características del magnífico antifaz que meses antes había comprado en Amazon: suave, cómodo y totalmente opaco. No fuimos a buscar más información al respecto y apagamos la luz. La sorpresa fue que a la mañana siguiente, en instagram estaba el anuncio de ese magnífico antifaz. Avisados están.

La foto es de Hans Vivek

Una mala noche la tiene cualquiera

Hace exactamente un año descubrí la cocina de Miquel Calent fue en el novísimo Cuit que por entonces se inauguraba en el Hotel Nakar de Palma. Texturas y sabores para poner en valor la cocina mallorquina de siempre y darle un toque especial. La experiencia y el trato fue exquisito, el ambiente también. Mallorca se ha convertido en un gran laboratorio culinario, jóvenes y no tan jóvenes cocineros dispuestos a descubrir a sus comensales las maravillosas materias primas de proximidad que tienen y a compartir su sapiencia culinaria.
Así ha sido desde siempre. Empezar disfrutando de humildes trempós, frits, tombets que con el tiempo acaban sublimando los sabores. Desde que veraneamos en Mallorca, desde siempre, hemos descubierto restaurantes como el de Santi Taura, el Miceli, Ca Na Toneta, Daica, Argos, Joan March , Can Gavella y también perlas escondidas como Rapha’s la Terracita.
Por eso se me hace difícil explicar qué ocurrió la noche pasada desde que entramos por la puerta de Can Calent en Campos, donde nos llevó el recuerdo del Cuit. La reserva, para ocho personas, era para las 22:00 y avisamos por teléfono que llegaríamos cinco minutos tarde, que finalmente se convirtieron en diez.
Nos recibió un restaurante desangelado, con apenas dos mesas ocupadas. Nos sorprendió aún más un comentario a vuelapluma escuchado procedente de alguno de los dos camareros:  “Como quieran hacer el menú de ocho platos no salimos ni a la una“.
Y efectivamente todo fue muy rápido. Una advertencia de que la cocina estaba a punto de cerrar -algo de lo que no nos avisaron cuando hicimos la reserva ni tampoco cuando llamamos poco antes de llegar- y de que solo sería posible el menú de cinco platos.
El servicio fue atropellado. Con desgana uno de los camareros explicaba la composición de los platos, todos de ellos de una indudable calidad, a alguno de los comensales sin importarle si el resto atendía a la misma. Los platos  se retiraban prácticamente cuando aun se masticaba el último bocado y la cuenta llegó sin pedirla. Un poco antes las luces del local se fueron apagando, hasta la pecera quedó sin luz, el aire acondicionado ya no funcionaba. Sorprendidos, pagamos y nos fuimos.
A raíz de un comentario que realizamos en Google, esta mañana hemos recibido dos llamadas telefónicas solicitando detalles de lo ocurrido y pidiendo disculpas por todo. Es una lástima, espero que haya sido una mala noche, pero por si acaso no volveré para comprobarlo.

La foto es de Michael Browning

Olvidé el paraguas, antes de ir a buscarte

Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.
Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.
Fui una letra de tango
para tu indiferente melodía.

 

Julio Cortázar. Poemas de amor.

Foto Reza Shayestehpour

 

 

De ‘El azar y viceversa’

cadiz

No sé si estará usted de acuerdo conmigo, pero creo que todos llevamos una triple vida, sustentada en tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que en verdad somos. La mezcla de los tres elementos suele resultar bastante mala, aunque conviene mostrarse optimista y hacerse cuanto antes a la idea de equilibrar de la mejor
manera posible esa conjugación desconcertante.

Me atrapó su prosa, me gustó la historia y me fascinó esa capacidad para crear frases irrepetibles, que te golpean y te hacen sonreír. No sé cómo descubrí el universo creado por Felipe Benítez Reyes, pero desde el momento que abrí la primera página de ‘El azar y viceversa‘,  me di cuenta de que estaba ante un tipo de narrativa diferente, frente a un elegante escritor que se mueve a base de genialidades.

¿Lamento algo? Sí, por supuesto. Lamento por ejemplo no haber aprendido más cosas de nuestra historia colectiva, prodigiosa y sangrienta. Lamento no haber estado en más sitios con una cámara fotográfica al hombro, admirado de la diversidad de este espejismo inmenso. Lamento no haberme acostado por amor con mil y una mujeres a lo largo de mil y una noches antes de conocer a Inma. Lamento, sobre todo, no haber aprendido a apoderarme de la vida mediante el único ardid psicológico por el que uno puede hacerse la ilusión de apoderarse de ella: quemándola a cada instante, aunque el único que en realidad se quema es uno mismo.

 

Desmontando el ‘off the record’

 

Off the record. Expresión inglesa que se emplea en el lenguaje periodístico, como locución adverbial o adjetiva, para referirse al comentario que se hace de modo confidencial o extraoficial y que no puede divulgarse. Es anglicismo evitable, ya que puede sustituirse por la expresión española a micrófono cerrado, o por los términos confidencial(mente) o extraoficial(mente).

En España, simplemente el debate sobre el ‘off the record’ ni existe. Seguramente porque las reglas del juego no están suficiente claras o porque el periodismo, salvo muchas y honrosas excepciones, parece instalado en la nimiedad, en el clickbait y en una superficialidad que asusta.
Pero cada cierto tiempo, el concepto asoma la cabeza en el ‘prime time’ como hemos visto estos días con el rescate de unas declaraciones de Adolfo Suárez en las que confiesa, tapándose el micrófono con la mano, que blindó a la monarquía legalmente cuando se dio cuenta de que un referéndum se inclinaría a favor de la república.
La primera pregunta es por qué aparece ahora un fragmento de una entrevista que le realizó Victoria Prego en 1995, pero la principal es por qué se utiliza si resulta evidente que se trata de una declaración que no se podía utilizar ni antes ni tampoco ahora.

El ‘off the record’ es algo habitual en el periodismo de fuentes. Sirve para contextualizar las informaciones, para conocer la intrahistoria, pero, salvo autorización expresa del interlocutor, nunca se puede utilizar.
Te cuentan algo, pero no lo puedes publicar, aunque en ocasiones, últimamente en demasiadas ocasiones, las prácticas trileristas periodísticas aprovechan este tipo de informaciones para atribuirlas a fuentes difusas, nunca identificadas: “fuentes próximas a la negociación“, “fuentes del partido“…
Debería ser algo tan simple como acordar con la fuente informativa qué es lo que se puede publicar y si puedo identificar a quien me lo ha dicho. ¿O es que creéis que a los periodistas no les han invitado durante una entrevista a apagar su grabadora antes de que le ofrezcan una confesión no publicable?
El sentido del ‘off the record’ es aprovechar la información obtenida por una fuente anónima para publicarla si es capaz de confirmarla desde otra fuente, porque si no lo puedes hacer y la información obtenida es falsa entonces lo que publicas podría ser una mentira.

El día que la Inteligencia Artificial acabó con las encuestas

donaldHasta hace unas pocas horas no conocía a Sanjiv Rai y seguramente si no llega a ser por la victoria electoral de Donald Trump tal vez nunca hubiera tenido noticias de él.  Pero resulta que este científico indio hace semanas que advierte sobre la victoria de Trump, un vaticinio basado en un sistema de inteligencia artificial (IA) que ha  creado  y que resulta infalible desde que este tipo de procesos empezaron a desarrollarse hace doce años en la.

Rai, fundador de la ‘start up’ india Genic.ai,  creó MogIA en 2004, un sistema que permitió predecir con exactitud los ganadores en las tres últimas elecciones presidenciales estadounidenses.

MogIA procesa 20 milones de datos procedentes de Google, Facebook, Twitter y YouTube,  analiza la información y genera predicciones teniendo en cuenta datos como el compromiso con los tuits que se escriben o la audiencia de los vídeos en Facebook Live. De esa manera, el sistema ya acertó en los ganadores de las primarias demócratas y republicanas y también determinó que en la actualidad existía un 25%  más de electores comprometidos con Donald Trump que cuando Barack Obama ganó en 2008.

Pero ahora todos nos hemos sorprendido, seguramente porque lo que  leemos, escuchamos y  seguimos en nuestro ‘Timeline’ de Twitter nos presuponía hacía una percepción diferente de la realidad. Trump, el machista multimillonario que no iba a ser más que una pura comparsa para muchos, se ha convertido en el ‘self made man’ norteamericano por excelencia, en el fondo, aunque nos cause una sonrisa, todo un fenómeno antisistema para los norteamericanos que le han encumbrado a lo más alto.

Y de todo eso ya nos advirtió Michael Moore el verano pasado, cuando dio cinco razones por las cuales ganaría Trump.  Moore, un agitador de conciencias, acertó en cuatro de ellas. Nos habló de que cimentaría su victoria en el ‘Rust Belt‘ y Trump se ha impuesto en Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin, tradicionales feudos demócratas.

Se preguntó si el hombre blanco indignado estaba puesto a poner fin a 240 años de su dominio y permitir que una mujer presidiera el país. La respuesta es obvia.

Advirtió sobre la impopularidad de Hillary Clinton (genera el 70% de desconfianza entre los electores) y la señaló como representante de la vieja política. ¿Os suena a algo?

También se preguntó adónde habían ido a parar los votos de Bernie Sanders, quien perdió la carrera demócrata a manos de Hillary Clinton. Moore asegura que los electores de Sanders nunca apoyarían a Trump, pero prefieren quedarse en casa antes que votar a Hillary.

Y en la quinta razón, Moore se equivocó, al hablar sobre el efecto Jesse Ventura, o cómo en Minnesota eligieron en los noventa como gobernador a tipo que se dedicaba a la lucha libre para ir contracorriente y protestar contra la vieja política. En Minnesota ha ganado Hillary.