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Lo que el nuevo peinado de Letizia esconde

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La Reina ha dado un nuevo giro a su look adaptando su melena al peinado de moda, el bob, un corte de pelo que va de la nuca a la barbilla, con el que esta noche ha aparecido en la entrega de premios de una revista de moda.

Así empezaba una crónica de sociedad publicada en un periódico barcelonés sobre la presencia de la Reina en un acto de la revista Woman. La prensa generalista y la del corazón, por supuesto, destacaban la elegancia de la Reina, pero la foto del acto nos sugiere otra cuestión.
La extremada delgadez de Letizia llama la atención y tendría que ser motivo de comentario más allá de las simplezas del tipo de peinado, la sencillez (o no) del vestido y su naturalidad. Los medios no hablan sobre el estado físico de la Letizia, a pesar de que sería una magnífica ocasión para abordar el problema con naturalidad, un problema devastador que puede arruinar familias y relaciones.
Pero no, en vez de eso, se obvia cualquier comentario y se habla del bob y lo bien que le queda, aprovechamos para explicar porqué está de moda y del resto ni un comentario. Se da la circunstancia que durante ese acto, Letizia pronunció unas palabras que pueden interpretarse como se quiera:
Si estamos esta noche aquí por alguna cosa, es porque tenemos muchas razones para pensar que en el mundo de la mujer hay muchas cosas que se pueden hacer de otra manera.

La anorexia de Letizia es como la fábula del traje nuevo del Emperador ¿ Recuerdan? No siempre tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad y en muchas ocasiones  un vestido o un nuevo peinado no tendrían que esconder la temible realidad, porque ya saben: “en el mundo de la mujer hay muchas cosas que se pueden hacer de otra manera“.

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El FMI y el síndrome Goldfinger

tresUna vez es coincidencia, dos es casualidad y tres es la acción del enemigo

El primero fue Dominique Strauss-Kahn (2007-2011), triplemente señalado y que tuvo que abandonar su puesto al frente del FMI tras ser denunciado por la supuesta violación de una camarera,  Nafissatou Diallo,  del hotel Sofitel de Manhattan. Poco después fue acusado de agresión sexual por la periodista y escritora francesa Tristane Banon y  finalmente juzgado por un tercer caso, el  del hotel Carlton Lille, por presunto proxetenismo agravado, una práctica penada hasta con 10 años de cárcel y 1,5 millones de euros de multa.

La segunda es la actual directora-gerente del FMI, Christine Lagarde , acusada por su participación en el caso Tapie mientras era ministra de economía de Nicolas Sarkozy.  En 2008, el gobierno francés adjudicó al empresario 403 millones de euros como reparación por las supuestas pérdidas sufridas en la venta de Adidas por parte del Crédit Lyonnais. A Tapie y Sarkozy les unía un vínculo de amistad.

Y el tercero es Rodrigo Rato (2004-2007).  Fue ministro de Economía y Hacienda en el gobierno de José María Aznar, el gobierno de aquella milagrosa recuperación económica. Ahora ha sido denunciado por los delitos de fraude, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes.

En los tres años y medio que permaneció al frente del FMI, Rato se embolsó 1,57 millones de dólares. Su sueldo base era de 391.440 dólares y tenía un extra de 70.070 dólares libres de impuestos que no tenía porqué justificar. A todo ello se le suma una pensión vitalicia de 80.000 dólares anuales.

Lagarde percibe anualmente 467,940 dólares netos. A esa cantidad hay que sumar 83.760 anuales libres de tasas, abonados mensualmente y sin necesidad de justificación. Strauss-Kahn recibía 420.930 dólares netos más 75.350 dólares sin necesidad de justificar.

El autor de la frase: “Una vez es coincidencia, dos es casualidad y tres es la acción del enemigo” es Ian Fleming, el creador de las aventuras de James Bond y la utilizó en la película Goldfinger (1964).

Primero fue Strauss-Kahn, después Lagarde y ahora Rato, los tres son o han sido directores gerentes del FMI, una organización que trabaja para fomentar la cooperación monetaria mundial, asegurar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional, promover el alto nivel de empleo y el crecimiento económico sostenible y reducir la pobreza en todo el Mundo.  Goldfinger fue un personaje de ficción.

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Breaking bad, finish good

 mascarasCada palabra encaja en los diálogos y los planos están perfectamente diseñados. Todo en ‘Breaking Bad‘ está calculado al detalle, desde la evolución de la historia hasta la de los personajes. Nada es producto del azar.

Escribo esto cuando aún me faltan unos pocos capítulos para terminar una de las mejores series de televisión que he visto –Fargo, juega en otra categoría-.  Es una historia con un inicio simple, es la historia de Walter White, un triste profesor de química de un instituto de Alburquerque, a quien le diagnostican cáncer.

Como no dispone de recursos económicos para hacer frente a la terapia, decide dedicarse a ‘cocinar’ metanfetamina tras entrar en contacto con uno de sus alumnos del pasado (Jesse Pinkman). El cuñado de Walter es un agente de la DEA (Hank Schrader). El juego es tan simple como complejo, las cartas están en juego en una partida que se prolonga durante cinco temporadas y un año de tiempo real.

La historia es inteligente, la trama da continuos giros y crea esa adicción que solo es posible cuando Heisenberg, Gus Fring, los carteles mexicanos de la droga, lo que se cuece en el interior de la cadena de comida rápida los Pollos Hermanos, lo que esconde Vamonos Pest y esa metanfetamina azul entran en juego. El trasfondo es la protección de la familia, un principio básico en todas las historias con base mafiosa, porque inicialmente lo que Walter White pretende es amasar dinero para que los suyos no tengan problemas económicos cuando él falte.

Durante la serie encontramos conexiones con la poesía de Walt Whitman, retazos de la compleja personalidad de Jesse Pinkman, la actuación de un estrafalario abogado (Saul Goodman), y una serie de pistas que Vince Gilligan, el creador de la serie, nos va dejando por el camino para que después podamos componer el rompecabezas.

Casi siempre en las series lo que importa es el desenlace, pero no en Breaking Bad, porque ya imaginas mucho antes cómo acabará todo -o eso creo-. Resulta más inteligente el qué y esa manera como todo va fluyendo mientras esa metanfetamina azul no se acaba. En ese caso veremos qué antidoto se consigue para desintoxicarnos.

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El periodismo y el valor de las muertes

garissaAunque parezca un sinsentido, los muertos no tienen el mismo valor. Hablo sobre periodismo. No valen lo mismo 147 muertos en Kenia que 13 en París, entonces todos fuimos #CharlieHebdo ahora, con tantos kilómetros por en medio, muchos no sabrían ni situar Kenia en un mapamundi.
La cobertura mediática ha gastado todos sus cartuchos en informar desde todos los puntos de vista sobre el siniestro del avión de Germanwings en el que murieron 150 personas. Todos sabemos hasta las recetas médicas que le prescribieron al copiloto, el colegio al que iba, sus problemas emocionales, que le gustaba correr o que le abandonó su última novia.
Los medios occidentales, mal y tarde, a veces nunca, han pasado de puntillas sobre esa masacre protagonizada por la milicia islamista somalí de Al Shabab, que ha acabado con la vida de 147 personas en la Universidad de Garissa (Kenia).
¿A qué se debe ese desapego? ¿Por qué las coberturas no son proporcionadas? Lo explica muy bien en The Guardian‘, Roy Greesnlade. Habla sobre las jerarquías de la muerte y establece una serie de preceptos que pueden valer para cualquier caso, para el de Kenia, el de París, el de Los Alpes o el de Boko Haram, del que acabaremos hablando.
Cuenta Greenslade que las muertes extranjeras no tienen el mismo valor que las nacionales, unas son impersonales, pura estadística, y de las domésticas queremos saber todos los detalles. Todos son seres humanos, pero unos están a unos cuantos miles de kilómetros de distancia, las otras muertes están muy cerca.
Además los muertos producto de conflictos bélicos tienen otro valor a los de las muertes inesperadas, pero ahí no acaba Greenslade en su análisis, puesto que considera que los muertos que no son de raza blanca “no reciben la misma consideración en los medios occidentales” que se si tratan de muertos de raza blanca. Y así lo extrapola a otras cuestiones que tienen que ver con las etnias, las religiones o el sistema de gobierno en otros casos.
Nos guste o no, todo se mueve en estas variables. Es más importante lo que ocurre cerca de nuestra zona de influencia que fuera de él, pero también están los recursos informativos con los que contamos.
Muchos medios de comunicación disponen de un gran contingente de periodistas en países desarrollados y pueden ofrecer coberturas desde diferentes ángulos. Eso ocurre en Estados Unidos, en Europa y en puntos de Asia y Sudamérica, pero no en África, por lo que lo que sucede en Siria, Kenia o Nigeria, pese a que sea de mayor gravedad, tiene un tratamiento y una consideración diferente.
Como mucho en esos países se obtienen informaciones de agencias, en muchas ocasiones con unos medios ínfimos. En el momento en el que los grandes medios deciden aterrizar sobre el terreno -algo que no ocurre siempre-, la información ha perdido frescura y se inicia un bucle a la búsqueda de noticias que no tienen el interés inicial, pese a que nos las vendan como tales.
Retrocedamos un año. El 14 de abril de 2014, en un colegio femenino de Chibok, al nordeste de Nigeria, fueron secuestradas 234 niñas por el grupo terrorista Boko Haram.
Poco tiempo después, desde Estados Unidos se crea una campaña que triunfa en las redes sociales. #BringBackOurGirls reunió a la flor y nata de la política, la cultura, el cine y el deporte, todos a una para pedir la liberación de las niñas. A la iniciativa se unió hasta la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama.
Un año después todo apunta al triste final de las niñas, Según el responsable de derechos humanos de la ONU, Zeid Raad al Hussein, los combatientes Boko Haram asesinaron a las personas que tenían cautivas, incluyendo a mujeres y niñas que habían tomado como “esposas”, en su huida ante el avance del Ejército. En 2014, Boko Haram habría cometido 4000 asesinatos. ¿Qué medios han hecho un seguimiento de este caso en el último año?

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davidrengelLa foto es de David Rengel

Blandiendo sus cámaras o sus teléfonos móviles de última generación, decididos a cumplir con el programa del día, los turistas aparecen en un basurero para inmortalizar a los niños que allí se buscan la vida. Colores y olores corrompidos por las toneladas de basura que cada día llegan a Anlong Pi (Camboya),  a unos 30 kilómetros de las maravillas de Angkor, y que difícilmente se disimulan con el protector que lucen para respirar.

Nubes tóxicas y pilas de desechos removidas una y mil veces por niños que deambulan en medio de la miseria. Muchos de ellos descalzos, los más afortunados con unas raidas botas encontradas en un día de suerte.

Los niños curiosean y sonríen con la esperanza de conseguir algo que llevarse a la boca. Los turistas andan decididos a captar ese instante sin inmortarles nada más que cumplir su programa. Todo vale para captar una buena imagen entre clavos oxidados, nubes tóxicas de desechos y ese sonido de la naturaleza que no puede disimular el gran drama que cada día se vive allí.

Cada día a Anlong Pi llegan furgonetas con turistas. Cada día en el vertedero, crecen menos flores.

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Un día en el vertedero

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