(ni un spoiler)

Los dos primeros minutos del último capítulo de la tercera temporada de ‘House of cards‘  son de lo mejor que he visto en televisión en mucho tiempo. No se trata de cómo la música  complementa únicamente la historia sino cómo nos ofrece todos los elementos, mientras plano a plano, nota a nota nos advierte de la situación y de lo que vendrá.

La serie ha ido ganando en intensidad con el paso de los capítulos y alcanza su clímax justo al final. Sigue siendo la historia de los Underwood, de Frank y de Claire, pero poco a poco otros personajes van ganando enteros, como Doug Stampler, Remy Danton, Gavin Orsay, Heather Dunbar o Rachel Posner.

Sin embargo, en la tercera temporada, la aparición de Tom Yates, un escritor de éxito contratado por el presidente para escribir un panfleto que le ayude en la reelección, es definitiva. Si Frank sigue guiñando el ojo al espectador ofreciendo su visión a cámara en determinados momentos, Yates aparece como la visión del espectador compartiendo la escena e interactuando.

No le den más vueltas, mejor ver la serie. Suena JJ Grey & Mofro, the Sun is shining down: “¿Cuántos días más puedes aguantar? ¿Cuánto tiempo más puedes esperar?

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El Hotel Loreta es una sucursal de la Fonda Almayer. Una está junto al mar, el otro es un refugio para otear desde lo más alto lo que ocurre en esa maravillosa ciudad que es Praga. Escondida entre los adoquines de Hradcany, allí arriba el tiempo se detiene y nos invita a pensar que la vida es como te la imaginas…


Después no es que la vida vaya como tú te la imaginas. Sigue su camino. Y tú el tuyo. Y no son el mismo camino. Es así… No es que yo quisiera ser feliz, eso no. Quería… salvarme, eso es, salvarme. Pero comprendí tarde porque lado había que ir: por el lado de los deseos. Uno espera que sean otras cosas las que salven a la gente: el deber, la honestidad, ser buenos, ser justos. No, los deseos son los que nos salvan. Son lo único verdadero. Si estás con ellos, te salvarás. Pero lo comprendí demasiado tarde. Si a la vida le das tiempo, muestra extraños recovecos, inexorables: y adviertes que, llegado ese momento, no puedes desear nada sin hacerte daño. Y ahí se desbarata todo, no hay manera de escapar, cuanto más te revuelves, más se enmaraña la red; cuanto más te rebelas, más te hieres. No se puede salir. Cuando ya era demasiado tarde, yo empecé a desear. Con todas mis fuerzas. Me hice mucho daño, como tú no te puedes siquiera imaginar.

(Alessandro Baricco, Oceano Mare).


La foto es mía. Podéis encontrar más en el set de Flickr

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Hotel Loreta

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Las princesas de Kate T. Parker

 

ScreenHunter_004Para Kate T. Parker, una fotógrafa norteamericana afincada en Atlanta, las princesas no tienen que ir vestidas de rosa, deben ser espontáneas, naturales y fanáticas de los deportes.

ScreenHunter_005Son mejores si mantienen esa pose desenfada, los cabellos al viento y esas sonrisas desdentadas con las que, más tarde que temprano, conquistarán su mundo.

ScreenHunter_006Kate no se cansa de fotografiar a sus dos hijas, a Ella (9 años) y a Alice (6), un tipo de niñas diferentes, con los zapatos sucios y que no quieren ponerse diademas en el pelo, y reclama una belleza infantil alejada de los estereotipos culturales.

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