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Un ejercicio de autoengaño

Nadie dijo que fuera sencillo, nadie que lo sea, nadie que lo vaya a ser. Y no lo es. Al menos ya he descubierto uno de los principios básicos: autoengañarse. Sirve para todo, para justificar tus frustraciones o para pensar que nada de lo que te ocurre es culpa tuya, sino producto de una situación externa que te ha atrapado.

Hoy podría hablar sobre eso. De la necesidad de salir del laberinto, de por qué intuyo que solo tiene una puerta de entrada, de ansiolíticos, de sesiones de terapia, de sueños en colores, de imágenes que se repiten. Os podría explicar cómo sentirse bien escondiendo la cabeza debajo de las sábanas o de cómo la benziodiazepina te deja sin ganas de nada

Pero no lo voy a hacer. Voy a pensar en que llega de nuevo el buen tiempo, de que mantengo el estado zen a base de pedalear, del valor de la amistad y de la vida… O de que pronto va a cumplir un año de todo y mientras solo me queda el consuelo del autoengaño.

La foto es de Tyler Nix

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