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Abrazos y silencios en el sexto mes

Dicen que pasados los seis primeros meses, el camino es descendiente. También dicen que en este tipo de duelos, hasta que no se cumple el primer año, vives instalado en una montaña rusa emocional.

No os creáis nada. Nunca se aprende a convivir con este dolor, solo puedes abstraerte, distraer la mente gracias a ajetreo diario y procurar tener siempre la agenda ocupada.

Convivir con esas imágenes grabadas en el cerebro absorben buena parte de las energías y aunque creas que todo está bajo control, nunca es así.

Aunque suene a receta de coaching barato, el secreto, amic Euse, es disfrutar de las pequeñas cosas, de esas que antes me pasaban desapercibidas y que ahora cada vez más valoro, pequeños retos para ir rellenando el poso vital y dejar que todo fluya.

De momento no puedo prometer mucho más, pero es un buen punto de partida. Mientras tanto seguiré con los abrazos y los silencios, disfrutando cada día de todos aquellos que tanto te querían.

La foto es de Lillian Grace

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Felicitats, mariquita

 

Muchos días me miro en el espejo y no me reconozco. La mirada es la de un desconocido, las canas se han multiplicado, unos días la barba descuidada denota mi estado, otras ese pelo que hace meses que no pasa por el barbero. Me da igual.

Han pasado cinco meses y mi estado actual oscila entre el cielo y el suelo, unos días arriba, otros aquí abajo. Hacía tiempo que no aparecía por aquí, ahora prefiero hablar en voz baja, susurrarte reflexiones al viento.

Han pasado cinco meses ya y no acabo de comprender nada, no acierto a entender porqué somos tan frágiles, porqué te fuiste tan pronto y de aquella manera.

Han pasado cinco meses y el vacío es muy grande y no se acaba de llenar.
Nos hemos quedado huérfanos, sin esa lucidez que nos daba otra perspectiva, sin poder ver el brillo de tus ojos cuando hablabas de Ana o cuando recordabas el último estreno en el Liceu o la última genialidad de Leo.

Ya lo ves. La gran putada de la vida es que te regala momentos y personas para arrancártelos cuando menos te lo esperas, en un juego que conoces su final, pero nunca lo que puede ocurrir al doblar cualquier esquina.
A primera hora de hoy, con la pereza del ferragosto, te hubiera enviado ese mensaje para felicitarte por tu cumpleaños, un mensaje que ya nunca más tendrá respuesta, las mismas que no encuentro desde aquel 16 de marzo.

La foto es mía

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Buscando equilibrios

 

A veces tienes la impresión de que ya lo has hecho todo y otras que lo tienes todo por hacer.

En ocasiones encuentras ese impulso para sentirte vivo y en otras un ancla no deja moverte más allá de comprobar la excelencia del vuelo de un moscardón desde el sofá de casa.

Ese constante subeybaja me impide encontrar el equilibrio.

Sé que se trata de encontrar nuevos alicientes para sacar de nuevo la cabeza, pero me resulta muy complicado concentrarme, por eso para mí es muy importante “Portero sin red” y la posibilidad de reconectarme conmigo mismo y con todos los que tengo a mi lado.

No voy a pedir paciencia, porque ni yo mismo la tengo para mí, pero me daré más oportunidades, cada día una para poderme liberar del todo. ¿O es que hay otra solución?

La foto es de Ben Hershey

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El infinito poder de las lágrimas

¿Que qué he aprendido? Básicamente que puedo ser mejor persona de lo que pensaba, que puedo descolocar a cualquiera simplemente con un abrazo y que aunque crea que el tiempo lo cura todo y el duelo solo es un proceso temporal, nada de eso es cierto.

En realidad tú, si has estado estos últimos meses a mi lado, te habrás dado cuenta que nuestra relación tampoco será como la de antes.  Pero no te apures, seguiré a lo mío, miraré hacia atrás y sentiré vértigo, miraré hacia adelante y volveré a pensar en él, en cómo hubiera vivido cualquier momento, esperaré su ‘Whatsapp‘, ese mensaje que ya nunca llegará mientras abro mi móvil y observo ese imperturbable último doble click recibido.

La vida te debe tanto, que intento devolvértela en pequeñas dosis, en esas visitas al teatro, en ese homenaje en los ‘Premis de l’esport‘, y pedaleando, pedaleando hasta reventar y esperar que mis piernas me lleven allí donde acabó todo.

También he aprendido a llorar, en volver a creer en el infinito poder de las lágrimas, en lo bien que puedo sentirme después de que mis ojos se tornen vidriosos mientras busco porqués y respuestas que ya nunca encontraré.

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Sentirse bien…

Entre una foto y otra han transcurrido dos meses y una semana. Sin una de ellas no existiría la otra y nuestras vidas, la de @maaarc_mv y la mía, serían muy diferentes.
Desde el día que me propuso completar el recorrido, el vértigo se apoderó de mí. Recordaba tanto el momento, tenía tan presentes las imágenes, que lo único que no quería era rememorar la tragedia.

Necesitaba tiempo, madurar el duelo y atender la petición de Marc para revivir aquellos momentos, enseñarle el lugar donde acabó todo y finalizar aquella excursión.

Y así ha sido. La misma mañana de sol, las mismas bicicletas, las mismas paradas. Una conversación en la que él ha estado siempre presente, risas al recordar sus expresiones y lágrimas llegado el momento.
Me he sentido bien, muy bien. Me he sacado un peso de encima y sé que ese lugar será para siempre nuestro punto de unión. T’estimo amic.

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