amics, personal

La realidad paralela del décimo mes

 

Se apaga la luz y sientes una terrible ansia para que el nuevo día aparezca cuanto antes. El corazón se acelera y esperas que su ritmo se desvanezca pasados unos segundos, pero todo acaba con un latido compartido en tu cerebro horas después y un duermevela eterno que te agota.

Cuando la luz, tu luz se apaga, solo queda encontrar el camino, buscar la salida del laberinto y acertar con el clic del interruptor para poner todo en su sitio. Mientras tanto, todo discurre a cámara lenta, recreando una realidad paralela.

La foto es de Fabian Møller

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Vacanze romane

Pensaba que todo iba de ir cerrando círculos, de acabar lo que había quedado pendiente para buscar una paz interior que no acabo de encontrar.

Pero ahora sé que nunca va a ser así. Lo compruebo cada día y lo volví a vivir durante estos últimos días en Roma, en ese viaje que planeaste como una escapada romántica y que acabó convirtiéndose en una salida para recordarte.

Y es que has vuelo a estar presente cada vez que nos sentábamos en la mesa, en cada maratoniano paseo por esas callejuelas que tanto han gustado a Ana. Cada vez que Maria Hernández nos ofrecía alguna sabia precisión del Coliseo o del Foro esperaba tu punto de vista y así en muchos momentos del día.

Te hubiera encantado el apartamento en Via Ripetta y pagaría por haber escuchado tus irónicos comentarios sobre la particular visión de la vida de nuestros vecinos de mesa en el Trastevere.

No estás pero te noto cercano. Cada vez me siento más tranquilo, como hoy, porque por fin sé que nunca podré cerrar el círculo, simplemente porque nos han quedado tantas historias, tantas conversaciones pendientes, que puedo  recrearlas tan solo cerrando los ojos.

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Abrazos y silencios en el sexto mes

Dicen que pasados los seis primeros meses, el camino es descendiente. También dicen que en este tipo de duelos, hasta que no se cumple el primer año, vives instalado en una montaña rusa emocional.

No os creáis nada. Nunca se aprende a convivir con este dolor, solo puedes abstraerte, distraer la mente gracias a ajetreo diario y procurar tener siempre la agenda ocupada.

Convivir con esas imágenes grabadas en el cerebro absorben buena parte de las energías y aunque creas que todo está bajo control, nunca es así.

Aunque suene a receta de coaching barato, el secreto, amic Euse, es disfrutar de las pequeñas cosas, de esas que antes me pasaban desapercibidas y que ahora cada vez más valoro, pequeños retos para ir rellenando el poso vital y dejar que todo fluya.

De momento no puedo prometer mucho más, pero es un buen punto de partida. Mientras tanto seguiré con los abrazos y los silencios, disfrutando cada día de todos aquellos que tanto te querían.

La foto es de Lillian Grace

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El infinito poder de las lágrimas

¿Que qué he aprendido? Básicamente que puedo ser mejor persona de lo que pensaba, que puedo descolocar a cualquiera simplemente con un abrazo y que aunque crea que el tiempo lo cura todo y el duelo solo es un proceso temporal, nada de eso es cierto.

En realidad tú, si has estado estos últimos meses a mi lado, te habrás dado cuenta que nuestra relación tampoco será como la de antes.  Pero no te apures, seguiré a lo mío, miraré hacia atrás y sentiré vértigo, miraré hacia adelante y volveré a pensar en él, en cómo hubiera vivido cualquier momento, esperaré su ‘Whatsapp‘, ese mensaje que ya nunca llegará mientras abro mi móvil y observo ese imperturbable último doble click recibido.

La vida te debe tanto, que intento devolvértela en pequeñas dosis, en esas visitas al teatro, en ese homenaje en los ‘Premis de l’esport‘, y pedaleando, pedaleando hasta reventar y esperar que mis piernas me lleven allí donde acabó todo.

También he aprendido a llorar, en volver a creer en el infinito poder de las lágrimas, en lo bien que puedo sentirme después de que mis ojos se tornen vidriosos mientras busco porqués y respuestas que ya nunca encontraré.

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Sentirse bien…

Entre una foto y otra han transcurrido dos meses y una semana. Sin una de ellas no existiría la otra y nuestras vidas, la de @maaarc_mv y la mía, serían muy diferentes.
Desde el día que me propuso completar el recorrido, el vértigo se apoderó de mí. Recordaba tanto el momento, tenía tan presentes las imágenes, que lo único que no quería era rememorar la tragedia.

Necesitaba tiempo, madurar el duelo y atender la petición de Marc para revivir aquellos momentos, enseñarle el lugar donde acabó todo y finalizar aquella excursión.

Y así ha sido. La misma mañana de sol, las mismas bicicletas, las mismas paradas. Una conversación en la que él ha estado siempre presente, risas al recordar sus expresiones y lágrimas llegado el momento.
Me he sentido bien, muy bien. Me he sacado un peso de encima y sé que ese lugar será para siempre nuestro punto de unión. T’estimo amic.

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Segundo mes

Alguna vez, aun con el corazón encogido, había sido capaz de recuperar aquellos mensajes de WhatsApp, no solo los de la noche anterior, sino también de unos cuantos años antes, testigos ahora mudos de aquella amistad que habían cimentado mucho tiempo atrás, sentados en aquel frío patio de La Salle o en aquellas tardes de sábado mientras esperaban que acabaran las actividades del ‘esplai SESA‘.

Ya han pasado dos meses y las imágenes de aquella mañana siguen nítidas en la cabeza. Además del dolor, sigue sintiendo el puñal de la culpabilidad, aunque intenten convencerlo que no es así.

Todo tiene que ver con la pena por lo que podía haber sido y ya nunca será. Hace tiempo que habían comentado una lectura que les había marcado, ahora recuerda la frase y la siente premonitoria: “La expectativa de felicidad es más intensa que la propia felicidad” y así en un bucle infinito se deshace el día y nace el siguiente.

La foto es de Derek Thomson

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