ladamaAunque la junta militar cambiara en su día la Constitución birmana para impedirlo, Aung San Suu Kyi, la Premio Nobel de la Paz de 1991, esta vez sí será la presidenta de su país y pondrá fin a 56 años de una dictadura militar.
Ya ganó los comicios en 1990, pero la Junta Militar no validó los resultados porque “no estaban de acuerdo con la Constitución“, una carta magna diseñada expresamente para que ella no pudiera ser nunca la presidenta, porque una presidenta no puede estar casada con un extranjero, porque una presidenta tampoco podía haber sido una prisionera política.
La historia de Aung San Suu Kyi es la de la persistencia. Ella es hija del general nacionalista Aung San, quien negoció con el Imperio Británico la independencia Nacional, y fue asesinado por un complot militar cuando ella tenía dos años.
Birmania fue independiente en 1948 y en 1960, su familia se instaló en la India. Un golpe militar en 1962, a cargo de Ne Win, ya les impidió volver y después, ella se instaló en Londres. Allí se casó con Michael Vallancourt Aris, un historiador inglés, con quien tuvo dos hijos.
La enfermedad de su madre le acercó de nuevo a su país. Volvió en 1988 y a partir de ese momento se convirtió en una activista política, en opositora a la dictadura militar. Por ese motivo le impusieron 15 años de arresto domiciliario.
Tras varias negociaciones con la junta militar, a Aung San Suu Kyi le permitieron circular libremente por el país. Eso ocurrió entre 2002 y 2003, una turba de personas atacaron su caravana electoral. Salió ilesa de aquel suceso, pero inmediatamente fue confinada en la prisión de Insein en Rangún. Una operación ginecológica le permitió salir de allí, pero para ser de nuevo arrestada en su casa.
Aung San Suu Kyi, conocida como La Dama por sus seguidores, ha estado 15 de los últimos 21 años tras las puertas del numero 51 de la University Avenue, situada al norte de Rangún. Sin internet ni teléfono, sin la posibilidad de recibir las visitas libremente, más allá de los médicos que velan por su salud, Aung San Suu Kyi ha ido tejiendo complicidades y esta vez lo tiene todo muy bien atado.
Voy a tomar todas las decisiones, aunque oficialmente no sea la presidenta“, ha dicho Suu Kyi, la líder de la Liga Nacional por la Democracia (NLD), el partido ganador de las elecciones en Birmania. Como la Constitución se lo impide, Suu Kyi ha buscado un presidente de paja.
Llegan nuevos tiempos para Birmania. Promete Aung San Suu Kyi democracia, no venganza, pese a que a la constitución birmana garantiza a los militares el 25% de los puestos en el Parlamento y el control de los ministerios clave.
Será el final de la democracia del látigo, una transición amable “sin juicios sumarísimos“, aunque advierte que eso no significa que los nuevos gobernantes vayan a dejar sin juzgar “lo que se ha estado haciendo durante los últimos 50 años“.
Debido a la dificultad para escrutar todos los votos, aún no se ha alcanzado al cien por cien, pero los resultados son concluyentes, tanto que desde el gobierno ya han felicitado al NLD por su victoria y han garantizado un pacífico traspaso de poderes.

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La Dama de Rangún

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Laura se la juega

camposSi hubiera conseguido 2.209 votos, ella no estaría allí. Si no hubiera aparecido la papeleta de su partido en aquel desempate en los Juzgados de Sabadell, tampoco. La vida muchas veces es un cúmulo de casualidades, en otras hace falta esa pizca de suerte, pero siempre es cuestión de creer en ella y generarla en torno a ti. Seguramente eso es lo que ha ocurrido.
Montcada i Reixac (35.000 habitantes) siempre ha sido un caso atípico dentro del panorama electoral. Vivir a la sombra de Barcelona, rodeada de autopistas, de líneas férreas -ninguna soterrada, por cierto-, de una cementera, ser ‘prime time‘ de las noticias por los continuos atascos a primera hora y tener récord mundiales de contaminación nos debe imprimir esa carácter único, una manera de ir a contracorriente, por eso desde que se instauró la democracia solo hemos tenido tres alcaldes y una alcaldesa accidental.
Entre 1979 y 1999, Montcada apostó por José María Campos allí en el partido que militara, en el PSUC (1979-1983), en el PCC (1983-91), en el PEC (1991-95) o en IC-EV (1995-99). El socialista César Arrizabalaga tomó el relevo hasta el 2010 y después la también socialista Maria Elena Pérez, sustituida accidentalmente por su compañera de partido Carmen Porro.
El caso Mercurio y la posterior gestión de las consecuencias del mismo han azotado de tal manera al PSC en Montcada, que los socialistas perdieron buena parte de su apoyo popular, a pesar de que volvieron a ser el partido más votado en las últimas elecciones.
Entonces apareció el destino, en forma de empate técnico entre ICV y C’S. El empate a cuatro concejales entre estos tres partidos, el hundimiento de CiU (que pasó de 5 a 2), socio histórico del PSC en Montcada -aquellas cosas de la singularidad montcadense-, el auge de ERC y de Círculo Montcada (3 cada uno) y la aparición en escena de la CUP (1) ha permitido un acuerdo municipal inesperado.
ERC (3), Círculo (3) y las CUP (1) han decidido que se visualice el cambio, castigar al PSC a la oposición dieciséis años después y dejar de lado a C’S, CiU y el PP.
Será Laura Campos, la cabeza de lista de ICV, la nueva alcaldesa. Una bocanada de aire fresco, 37 años, y concejal desde hace ocho. Todas las miradas estarán puestas en ella, las de los tres partidos que le han dado la confianza, las del resto de fuerzas y las de los ciudadanos, que quieren liberarse de una vez de los estigmas, de sentirse señalados indirectamente por el caso Mercurio y de ser noticia por esa telaraña de autopistas que nos ahoga y por esos trenes que nos separan.
En periodos convulsos como éste, se presenta una buena oportunidad para volver a creer en la política y en las personas, Laura se la juega, como se la jugó su padre, José María, aunque de eso ya han pasado 36 años, casi los mismos que tiene ella ahora. Buena suerte.

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